Buscar este blog

lunes, 27 de agosto de 2018

PLANES INESPERADOS

La caravana con los sobrevivientes se dirigía al sur, a través del Bosque de Argenteos, mientras que los líderes de las facciones de la Horda habían abandonado el campo de batalla en un dirigible goblin. Las heridas que ostentaba Ujio en su cuerpo eran superficiales, tenía algunos raspones y golpes, pero afortunadamente había evitado el filo de las armas enemigas. Sin embargo, la herida en su corazón era profunda como el mismísimo Mare Magnum.

Desde la lejanía se podía apreciar la nube verde que cubría a Entrañas y que la había vuelto mortal para cualquier ser animado, vivo o no muerto. Aquel movimiento había sido claramente una estrategia para deshacerse de la Alianza y el hecho de que haya sido completamente secreto para todos había sorprendido a Ujio. Es que había sido un gran movimiento que dejaba a las claras las intenciones de la jefa de guerra: la supervivencia de la Horda.

Pero a pesar del asombro del orco, que a esta altura comenzaba a sentir admiración por la visión estratégica de Sylvanas, no le causaba ninguna gracia haber perdido una ciudad que le daba una importante ventaja geopolítica a la Horda. Especialmente porque los renegados, a los que conocía muy poco, se quedaban sin hogar y los elfos de sangre quedaban a merced de la Alianza.

Las bajas habían sido muchas. Buenos guerreros de la Horda se encontraban desperdigados por las tierras que anteceden los muros de las Ruinas de Lordaeron, entregados como una especie de perverso tributo a los animales carroñeros de la zona. Esa era la última imagen que el orco se llevaría de Entrañas.




Las órdenes eran claras: infiltrarse en Ventormenta y rescatar a la princesa Talanji, junto a su compañero, el profeta Zul. Dos importantes personalidades del imperio zandalari. Pero también tenía una misión secundaria, traer de vuelta a Varok Colmillosauro, quien había sido capturado por la Alianza.

Es por eso que, tras colarse en los calabozos de la imponente ciudad humana donde reinaban los colores blanco, azul, ladrillo y violeta, el escuadrón de élite enviado por Sylvanas se sorprendió al encontrarse con que Varok prefirió quedarse en prisión antes que regresar a la Horda. La decisión del experimentado guerrero, que fue de vital importancia en la batalla de Costa Oscura, estaba motivada por la falta de honor que había demostrado Sylvanas en los recientes eventos que habían suscitado en Entrañas.

Ujio sintió una fuerte decepción, ya que veía al alto señor supremo como un ejemplo a seguir. El monje sabía que Varok blandía argumentos sólidos, pero también era consciente de que la principal razón de los actos de la jefa de guerra era la preservación de todas las razas que componían la Horda, que no eran precisamente pocas y representaban a casi la mitad de la población de Azeroth.

Mientras un intenso olor a humedad impregnaba el aire, que recordaba al aroma bilioso que se podía sentir en lo profundo de Entrañas, el grupo se vio sorprendido por unos guardias que intentaron combatirlos. La lucha fue dispareja, pero uno de ellos alcanzó a escapar, lo que convirtió a la sigilosa misión en una carrera por liberar a los prisioneros y escapar de Ventormenta cuanto antes.

A pesar de la desilusión de Ujio y los campeones por la negativa de Varok, era imperante terminar la misión, por lo que continuaron explorando las celdas, hasta que llegaron a la que retenía a Talanji y Zul. Con unos movimientos un tanto...toscos, el grupo de élite de la Horda abrió las puertas y liberó a los prisioneros.

La Alianza envió a sus mejores magos para retrasar el escape con poderosos encantamientos, pero las habilidades de los infiltrados podían superar cualquier contratiempo. Quebraron las barreras mágicas y se lanzaron a las calles de la ciudad, escondidos en las sombras junto a Rokhan. Tanto Genn Cringris como Jaina Valiente intentaron dar con los prófugos, pero el grupo de élite de la Horda se abrió paso entre las fuerzas enemigas y escapó en la nave de guerra zandalari de Talanji, camino a Zuldazar.

Bienvenida a la Horda, princesa, le dijo el orco. Ese fue el preludio de una nueva aventura, no sólo para él, sino para todos los guerreros que portan los colores rojo y negro.



No hay comentarios:

Publicar un comentario