Sin embargo, su misión no terminaba allí. Tenía una carga adicional, aunque para el monje no era precisamente una carga, sino más bien la oportunidad de desarrollar un vínculo con una versión de otra dimensión de su propio padre. Revingar era tan respetado en el Draenor alternativo como lo fue en Azeroth, era un orco con aptitudes para el combate con todo tipo de armas. Lo había aprendido de su padre, quien a su vez lo había heredado de su abuelo, y así sucesivamente. La guerra era tradición para los orcos y las técnicas de pelea pasaban de generación en generación.
Pero no era lo mismo enfrentarse a reptiles gigantes, dracos y otras criaturas de una increíble fuerza y reducido intelecto, que hacerlo a bestias fuertes e inteligentes como enanos, humanos y huargen, entre otras razas que componían a la Alianza. Por lo que la tarea a la que se enfrentaría, requería de algunos consejos de un experto.
Más allá de la Empalizada de Mor’shan, los orcos repasaban los planes. Revingar simularía llevar un cargamento en una mula hacia el Puesto del Hachazo, mientras que Ujio lo seguiría por fuera del camino para asegurarse de que el guerrero no corra ningún peligro innecesario. El objetivo era tentar a los agentes de la Alianza para capturarlos posteriormente y hacerlos hablar. Se trataba de una zona conflictiva, en la que los orcos y los elfos habían luchado durante años por el control de los recursos, pero con el asalto a Darnassus había quedado en manos de la Horda.
Revingar marchaba con ropajes de granjero y con la mano derecha sostenía la cuerda con la que guiaba a la mula. En su mano izquierda llevaba un hacha de leñador, que pidió expresamente para poder defenderse de los espías. El bosque era hermoso y, a pesar de que sabía que para los orcos era una fuente de madera, el mag’har pensó que sería una muy buena idea conservar aquellos milenarios y frondosos árboles para deleitarse con su inconmensurable belleza.
Aquel follaje, que se extendía durante kilómetros y kilómetros, era lo único que no le permitía ver con claridad y que aventajaba a los agentes de la Alianza. Revingar se había informado sobre el aspecto y la historia de los elfos de la noche, con lo cual sabía de primera mano cómo lucían y cuáles eran sus tradiciones, tanto en el combate como en la vida.
Revingar estaba preparado para cualquier eventualidad. Con el hacha de leñador podía desmembrar a cualquier ser vivo con facilidad. A pesar de que estaba entrado en años para ser un orco, su musculatura se mantenía como si se tratara de un joven. Se preocupaba por mantenerse activo, ya sea entrenando técnicas de combate día y noche o ayudando a su pueblo a establecerse en Orgrimmar.
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| Los caminos de Vallefresno. |
El camino estaba llamativamente tranquilo. No había caravanas ni mercaderes transitándolo, sólo Revingar, quien tenía una actitud tranquila e iba silbando como si fuera un mercader real. Aquella actitud fue lo que, posiblemente, motivó a tres elfos de la noche y un draenei a interrumpir su marcha.
No quiero problemas, sólo cargo alimento hacia el Puesto del Hachazo, expresó el orco, aunque no estaba seguro de que los espías de la Alianza le hubieran entendido. Entonces, una elfa lo interpeló en un idioma desconocido, luego otro elfo y después todos y cada uno de los guerreros. Parecía que amenazaban con matarlo si no soltaba el hacha...o al menos eso creyó Revingar. El orco se apegaba al plan e intentaba hablarles para que creyeran que se encontraba asustado.
Mientras tanto, Ujio observaba con detenimiento cada movimiento de Revingar. Estaba ansioso, quería ver en acción a aquel guerrero legendario que dejó todo de lado para criarlo y que murió defendiendo las tierras de la Horda.
Fue en ese momento cuando una elfa de la noche lanzó una estocada de su daga contra Revingar. El mag’har esquivó y con su mano izquierda dibujó una parábola horizontal que impactó en la parte posterior del cráneo de su enemiga, destruyéndoselo. El resto de los agentes de la Alianza se quedaron atónitos, pero no tardaron en responder. Mientras gritaban y lanzaban estocadas a diestra y siniestra, el orco permanecía inmutable esquivando todo lo que le lanzaban.
Ujio se sintió orgulloso de su padre. Supo que, a pesar de que este Revingar no era su progenitor, era un fiel reflejo de lo que su padre había sido. Le llenaba el alma de alegría saber que venía de un linaje guerrero.
En tanto, Revingar continuaba ultimando a los espías. Le amputó las dos piernas a un elfo antes de que pudiera tocar el suelo con su cuerpo, mientras que el otro elfo terminó con el cráneo partido en dos. El draenei presentó más batalla, pero cayó herido ante las perfectas técnicas de batalla del orco.
Habla ahora o muere, le dijo Revingar con desprecio. El orco mag’har sabía qué era lo que estaban haciendo. Es que él lo había hecho en Draenor para recuperar un territorio que habían perdido en manos de los hijos de la Luz. Te dije que contaras los planes de tu enclenque Alianza, ¡Hazlo ahora!, insistió Revingar, pero, a pesar del miedo que sentía el draenei, no habló. El orco lo decapitó.
Esa fue la parte que menos le gustó a Ujio, ya que, como monje, evitaba matar. Para él, era el último recurso. Jamás podría ser la primera opción. De cualquier manera, lo que más le molestaba era que se habían quedado sin un prisionero para interrogar.
- Pero, ¿Qué has hecho?- preguntó con furia Ujio mientras salía de entre los matorrales.- A la jefa de guerra no le va a gustar esto…- agregó con ciertos indicios de arrepentimiento.
- En lo que a mí concierne, ya sabemos cuáles son sus planes- respondió Revingar.- No necesitábamos a esa escoria draenei. Hice estas mismas tareas tiempo atrás en Draenor, es un reconocimiento de las tareas enemigas. Quieren saber dónde estamos, para qué y cuáles son nuestras debilidades- explicó soberbiamente, mientras miraba de reojo al monje.
- ¡No puedes hacer…- increpó Ujio, pero fue interrumpido por Revingar.
- No creo que te moleste que haya desoído las órdenes de tu jefa de guerra. Puedo ver en tus ojos que, a pesar de que admiras sus estrategias militares, sientes recelo por sus métodos.- lanzó el mag’har.- Aunque obra como una persona desesperada, es consciente de todos sus movimientos.
- También es tu jefa de guerra. Si quieres continuar con vida y no ser tratado como un traidor, no te olvides de eso…-le respondió Ujio, aunque en el fondo sabía que Revingar tenía razón.
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| Ujio recordó la quema de Teldrassil. |
Entonces, según tus propias palabras, están pensando en reconquistar el territorio perdido. Le diremos eso a la jefa de guerra, sentenció Ujio, con una profunda desazón por lo que parecía ser el preludio de un nuevo enfrentamiento en los bosques de Vallefresno.









