Estaban volviendo a Orgrimmar por el mismo camino que había tomado Ujio para ir hasta Costa Oscura. Si bien iban rápido y habían pasado desapercibidos por el momento, el monje todavía sentía que alguien lo estaba observando. Entonces aceleró el paso y Revingar lo siguió.
No tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que, efectivamente, eran seguidos de cerca. Perros de la Alianza, pensó Revingar, pero la realidad es que era algo peor. Era algo que los marcaría para siempre. Ujio comenzó a sentir el crujir de las ramas de los altos árboles y sospechó. Parecía que alguien estuviera siguiéndolos desde las alturas, bastante atípico de los soldados de la Alianza. Los únicos que podrían hacer semejante tarea eran los elfos de la noche, pero no quedaban muchos por la zona, por lo que Ujio intuyó algo peor.
Debemos ocultarnos en algún lugar, antes de que nos logren cazar, le dijo a Revingar, que asintió. En la lejanía, pudieron divisar un pequeño río. Ujio supuso que podrían usar la corriente para alejarse de sus perseguidores. Acto seguido, se arrojó a las aguas y Revingar repitió sus pasos.
La corriente no era muy poderosa, los ríos de Vallefresno se caracterizaban por ser pasivos, pero el pequeño impulso igual les fue de ayuda. Luego de tragar agua y golpearse con ramas por varios minutos, los orcos salieron del río. Notaron que se habían alejado de sus cazadores, pero sólo ganaron algunos minutos y ahora se encontraban más al sur y estaban muy lejos de los caminos ocultos que Ujio había utilizado en la ida.
Ahora tenían que improvisar para sobrevivir.
-Deja todo lo que no sea absolutamente necesario. Viajaremos ligeros a través del bosque, tenemos que llegar a la Empalizada de Morshan antes de que nos encuentren, allí nos reuniremos con los refuerzos- le dijo Ujio a Revingar, quien asintió.
Los orcos se despojaron de sus bolsas y continuaron la marcha, sólo equipados con su armadura y armas. Ujio sabía que serían atrapados si no aumentaban la marcha. Quería evitar un enfrentamiento a toda costa.
Continuaron a paso firme. Ya habían dejado atrás el Refugio Brisa de Plata, por lo que Ujio supo que estaban relativamente cerca de su destino, sólo restaba cruzar el río y continuar bordeando la montaña...pero sus perseguidores los encontraron primero.
Un silbido furioso alertó al monje, que se arrojó a un lado y giró en el suelo. Desde lo alto de los árboles, las flechas caían como si se tratara de un castigo divino. Revingar, fiero como buen guerrero, repelió los proyectiles con su hacha. Profirió un rugido, que espantó a todas las aves y criaturas que se encontraban en los alrededores, y desafió a sus atacantes.
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| Las forestales rastrearon y atacaron a los orcos. |
Desde los árboles, cayeron sus cazadores, para darle continuidad al combate desde el suelo. Las sospechas de Ujio se confirmaron. Al menos una decena de forestales oscuras les daban caza a Ujio y Revingar.
-Ujio, Revingar. Por orden de la jefa de guerra, Sylvanas Brisaveloz, quedan detenidos. Arrojen sus armas o afronten las consecuencias- advirtió la líder del grupo.
Revingar mostró una sonrisa socarrona y escupió al suelo. Apretó el mango del hacha y se lanzó al ataque. Ujio se sorprendió por la tenacidad que mostró la versión alternativa de su padre, pero también se sintió motivado. El monje también atacó.
Revingar parecía no tener miedo, así como tampoco consciencia de que se enfrentaba a las unidades de élite de Sylvanas. Las flechas brotaron de los arcos enemigos como lo hace el agua de una vertiente, pero el experimentado orco esquivó todas y cada una de ellas. Tras un par de zancadas, desmembró a su primera víctima.
A sus espaldas corría Ujio, tratando de cubrirle los flancos. Si bien el monje era un protector de la vida, tenía cierto rechazo contra las forestales oscuras porque las consideraba criaturas sin voluntad que cumplían con las órdenes de Sylvanas sin cuestionamiento alguno, por lo que atacó a matar. Ultimó a la primera víctima de Revingar y asesinó a otras dos arqueras. El combate iba bien para los orcos, pero si había alguna posibilidad de que todo empeorara, se había hecho efectiva.
Un rugido potente sonó a espaldas de Ujio, el monje giró y por poco cae en las garras de un druida en forma de oso. Revingar peleaba contra las forestales cuerpo a cuerpo, cuando una enorme bola de fuego incineró a cuatro de ellas. Las tres restantes cambiaron de objetivo y lanzaron una lluvia de flechas al mago humano, que continuó con sus ataque s de fuego. Lo que había comenzado como un enfrentamiento entre dos bandos, se convirtió en una escaramuza con tres grupos.
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| Druida elfo de la noche en forma de oso. |
Como si fuera poco, desde detrás de unas plantas surgió una elfa de la noche. Con una de sus flechas hirió a Revingar en un brazo, pero el orco continuó peleando como si se hubiese tratado de un escarbadientes. Las forestales comenzaron a caer y sólo quedó la capitana, Ujio y Revingar la necesitaban para enviarle un mensaje a Sylvanas, por lo que doblegaron sus esfuerzos por protegerla de los ataques de la Alianza.
Ujio corrió en dirección a la elfa, que con sus impresionantes habilidades lanzó una flecha tras de otra. El orco no podía acercarse a la ubicación de la arquera, por lo que se dividió en los espíritus elementales y atacó desde los flancos. La arquera no pudo ofrecer resistencia y cayó ante los puños de furia del monje.
Revingar la tenía peor. Tenía que combatir contra el druida, mientras que intentaba esquivar los ataques de fuego del mago. A su vez, la forestal oscura intentaba escapar. Claramente, para los soldados de la Alianza sería una gran victoria acabar con todos ellos. Incluso dejaron escapar a la forestal para que le cuente la situación a la jefa de guerra.
Ujio había vencido a su oponente, que se encontraba inconsciente en la hierba, y eligió un nuevo contrincante. Fue a por el mago, que se asustó al ver que el monje se le acercaba a gran velocidad. Comenzó a lanzar conjuros de fuego a diestra y siniestra, pero la agilidad del monje evitó que lo golpeara. Ujio lo dejó inconsciente con una seguidilla de golpes y se volteó para ayudar a Revingar, pero su padre ya había terminado el trabajo. El druida yacía boca abajo con la cabeza destrozada.
Rápidamente, se dispusieron a perseguir a la forestal oscura, que se encontraba a unos 200 metros de los orcos. Sabían que la persecución sería complicada, incluso eran conscientes de que, si la perdían de vista, nunca más la encontrarían.
Corrieron tras ella, pero no lograban alcanzarla y el cansancio comenzaba a pasarles factura. Fue en ese momento que un espíritu de lobo pasó al lado de los orcos. Revingar se dispuso a atacarlo, pero Ujio lo frenó. Déjalo, le dijo. En cuestión de segundos, alcanzó a la forestal y frenó su marcha. Ujio y Revingar llegaron hasta su posición a paso firme.
-Veo que aún no has perdido tu toque, hermano- le dijo Ujio al chamán.
-Soy el mejor en lo que hago, hermano- respondió Hiasing.- Tenemos que apresurarnos y llegar a la Empalizada cuanto antes, mañana emprendemos el viaje hacia el Puerto de Menethil.
Ujio sonrió. Que la Alianza se prepare.










