Eso cambió cuando Sylvanas quemó el árbol del mundo. Semanas antes del trágico evento, Stenge les había prometido a sus dos hijas que las llevaría a conocer el hogar de los elfos de la noche. Su trabajo como mago le llevaba gran parte del tiempo y, desde la muerte de su esposa, le había costado mucho trabajo criar a sus hijas. Sarah tenía 14 años y era la mayor, soñaba con convertirse en la esposa del rey Anduin Wrynn, mientras que Ethernia apenas alcanzaba los 10 y aspiraba a emular la carrera de su padre. Iria, su madre, había muerto por una extraña enfermedad que, según Stenge, era de origen mágico, aunque nunca pudo comprobarlo.
Usando sus influencias, el viejo mago había conseguido permiso para que sus hijas pasearan los rincones más exclusivos de Darnassus y conocieran a la mismísima Tyrande Susurravientos. Esa misma mañana, Stenge despertó y se sorprendió al encontrarse con que Sarah y Ethernia ya se habían levantado y le habían preparado el desayuno. Más tarde, se dirigieron hasta el Barrio de los Magos de Ventormenta, donde un viejo amigo de Stenge los esperaba con un portal abierto hacia Darnassus. Era la primera vez que las niñas atravesarían “la magia”, como su padre solía decirle.
Al llegar al Árbol del Mundo, pasearon por los puestos comerciales de los elfos, donde compraron comida nativa y se hicieron amigas de varios niños que jugaban en las calles. Stenge estaba pasando el mejor día de su vida, sentía que todo recobraba sentido. Pero la alegría es un estado pasajero, efímero como el zumbido de una flecha que vuela hacia su objetivo, y puede cambiar de un segundo a otro.
Un poderoso estruendo alertó al mago. Luego siguió otro, que sonó más cercano. Y luego otro. La seguidilla de explosiones le hizo pensar que se encontraban bajo ataque, por lo que corrió rápidamente por sus hijas. A pesar de que los músculos de sus piernas trabajaron como nunca, y hasta quizá corrió más rápido que cualquier otro humano jamás, el siguiente lanzamiento cayó directamente sobre sus hijas.
Todo se terminó.
![]() |
| La quema de Teldrassil se llevó a las hijas de Stenge. |
Llevaba varias semanas encerrado en su hogar, cuando la puerta sonó. Si bien le llamó la atención que alguien lo buscara, no atendió y permaneció inmóvil, mirando la chimenea, que aún tenía los restos de la leña que habían usado la noche anterior al ataque de la Horda a Darnassus. Inmediatamente, la puerta se abrió y un soldado de la Alianza ingresó con un mensaje del rey Anduin Wrynn.
- ¿Es Usted Stenge Fuegoescarcha?- preguntó tímidamente el soldado, que estaba asombrado por la gran cantidad de botellas que vacías que había desperdigadas por todos los rincones de la casa.
- Ese hombre murió cuando la Horda atacó Darnassus. Por favor, deje de desperdiciar su tiempo y busque a alquien que realmente pueda ayudarlo.- sugirió Stenge. A ese punto, el soldado no sabía si hablaba el hombre o el alcohol que había ingerido.
![]() |
| El rey Anduin solicitó su ayuda. |
Stenge esperó a que el soldado se vaya para tomar el pergamino y leer la propuesta que la Corona tenía para él.
Al señor Stenge Fuegoescarcha,
Yo, el rey Anduin Wrynn de Ventormenta, solicito sus servicios, tal y como mi padre, Varian Wrynn, lo hizo en el pasado. La guerra ha tocado a nuestra puerta, es menester responder su llamado con inteligencia. Es por eso que necesito de sus conocimientos para dar caza a unos guerreros que se han rebelado contra el liderazgo de Sylvanas y que podrían sernos de ayuda para darle fin a este conflicto de la mejor y más rápida manera.
La misión involucrará matar a muchos soldados de la Horda y, a pesar de que no es lo que busco, consideró que será mejor que esperar a que masacren a nuestros hermanos y hermanas.
Espero su rápida respuesta. Ojalá que esta misión le permita encontrar la paz.
Con respeto, Anduin Wrynn.
Pasaron dos semanas hasta que Stenge llegó a Vallefresno, junto a un elfo de la noche druida, llamado Colostuss, y a una cazadora de la misma raza, Valennia. Los tres habían sido tocados por la mano de la muerte. El elfo había perdido a sus padres en el ataque, mientras que la elfa había perdido a su pareja. Todo era muy trágico.
No hablaron mucho durante el viaje ni en medio de la cacería. El objetivo era sencillo, encontrar a un monje rebelde y a su ayudante, que aparentemente era un guerrero, para sacarles información y, de ser posible, convertirlos en agentes de la Alianza. Los reportes de inteligencia indicaban que no debían ser muy peligrosos. Ujio había sido un peón hasta hacía unos años atrás, no tenía la experiencia que juntaban estos prodigiosos soldados de la Alianza, mientras que de su colaborador se sabía poco. Sólo sabían que era un cascarrabias.
No tardaron demasiado en dar con ellos. Para colmo, se los encontraron en las mejores circunstancias, combatían contra unas forestales oscuras de la jefa de guerra, Sylvanas Brisaveloz. A pesar de que tenían órdenes claras de llevarlos con vida ante el rey Anduin, el recuerdo de lo sucedido aquel día nubló el juicio de Stenge y sus compañeros, lo que inevitablemente hizo que atacaran con todo lo que tenían.
Pero todo resultó mal.
Stenge despertó con su cuerpo entumecido. Tenía el lado derecho de su cara cubierto de hierba por estar tirado inconsciente durante horas. El elfo yacía a unos veinte metros con el cráneo partido en dos, mientras que no había rastro de la elfa. En tanto, las forestales oscuras estaban desperdigadas por todo el campo de batalla. Están bien muertas, pensó Stenge, lo que le pareció terrible, pero a la vez gracioso.
Intentó recordar todo lo que había sucedido. Su última imagen fue un orco que se acercaba a su posición rápidamente. Sorprendentemente, no lo mató. Ese era el objetivo que estaba buscando junto a su grupo y que, de no haberse dejado llevar por las emociones, seguramente habría capturado. Pero la misión no había terminado, aún no. Inspeccionó el terreno y notó que el rastro estaba fresco.
Esta vez no se me escaparán.
![]() |
| En Vallefresno falló su misión. |
Repartió oro por todo Trinquete, hasta que un soplón le contó la verdad.
El grupo por el que preguntas buscaba la riqueza que se perdió bajo el agua en el Puerto de Menethil, luego del cataclismo de Alamuerte. Si me preguntas, creo que estaban mintiendo y que querían matar a alguien, pero no lo sé a ciencia cierta. Si me das otras 200 monedas puedo llevarte hasta allí, le dijo el goblin.
Stenge aceptó, pagó y se propuso nunca dejar de darles caza a los orcos que el rey quería tener de su lado.















